Durante muchos años, quienes profesan una religión han reconocido que la vocación de cuidar a las personas más marginadas de la sociedad es un factor central para el cumplimiento de su misión.

Esta semana, 35 organizaciones e instituciones católicas anunciaron su decisión de desinvertir en las deshonestas compañías de combustibles fósiles, reconociendo el impacto que tienen sobre las personas más marginadas en la sociedad. Caritas Internationalis – una confederación de 165 organizaciones católicas de ayuda humanitaria, desarrollo y servicio social, la cual opera en más de 200 países y territorios y es una institución oficial de la Iglesia católica, se encuentra entre aquellas que se comprometieron con la desinversión en los combustibles fósiles.

En opinión del Papa, se necesita con urgencia un cambio ético y económico para prevenir la catástrofe del cambio climático, así como la creciente desigualdad.  El Papa Francisco elogia a los grupos ciudadanos y las organizaciones no gubernamentales que abogan por el cuidado del medio ambiente y afirma que los boicots de consumo “se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción. Es un hecho que, cuando los hábitos de la sociedad afectan el rédito de las empresas, estas se ven presionadas a producir de otra manera. (…) ‘Comprar es siempre un acto moral, y no solo económico’”. (Francisco, Laudato Si 206)).

Hoy, la humanidad debe unirse para hacer frente a la mayor crisis de nuestros tiempos. El cambio climático no es un tema relevante solo para la comunidad científica, para quienes hacen política o para activistas. Debe concernirle a toda persona que tenga una conciencia ética. Es en este momento que el Vaticano debe usar su liderazgo moral y ético y desinvertir en los combustibles fósiles.

La Iglesia católica se vio reenergizada por la innovadora encíclica papal Laudato si, publicada en junio de 2015 en la víspera de la conferencia climática de París. Desde entonces, el número de instituciones católicas que se han comprometido con la desinversión se disparó de 8 a 103, que representan más del 10% del total de compromisos de desinversión. Laudato si fue la respuesta del Papa Francisco a “tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (Francisco, Laudato si 49) Dichos clamores son resultado directo del temerario modelo de negocios de la industria de los combustibles fósiles. La única respuesta moral es retirar nuestro consentimiento a través de la desinversión en estas compañías.

Los y las dirigentes del mundo de todas las corrientes deberían inspirarse en las palabras del Papa Francisco y, de manera similar, liderar un llamado a la acción. El camino claramente trazado que se requiere para hacerle frente a la crisis climática es el que libera a la humanidad del dominio de los combustibles fósiles sobre nuestras vidas y el planeta. Esta encíclica refuerza el cambio de dimensiones tectónicas que se está generando; no podemos seguir tratando la Tierra como una herramienta de explotación.

Para cualquier institución religiosa, la desinversión en los combustibles fósiles es, antes que nada, una elección de coherencia moral. La desinversión en los combustibles fósiles es una manera de cuidar nuestra casa común y de nuestros hermanos y hermanas más pobres, quienes sufren las peores consecuencias del cambio climático.

FacebookTwitter